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PhD Thesis

dc.contributor.advisorGarcía Díaz, Sebastiánes
dc.creatorReutlinger Betancourt, Enrique Albertoes
dc.date.accessioned2016-12-14T07:52:20Z
dc.date.available2016-12-14T07:52:20Z
dc.date.issued1962-12-11
dc.identifier.citationReutlinger Betancourt, E.A. (1962). La anestesia extradural continua en el post-operatorio. (Tesis doctoral inédita). Universidad de Sevilla, Sevilla.
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/11441/50358
dc.description.abstractLa anestesia, del griego “a”, que significa privar y de “isthesis”, sentido; es el estado que creamos en un sujeto para suprimirle la sensación del dolor, como último término. El dolor sufrido por la humanidad y bien conocido por todos los hombres, ha encontrado dificultades para su definición. Para los autores del siglo pasado era una cualidad sensitiva, pero negaban que fuese una sensación fisiológica específica, comparable a la temperatura o tacto. Los receptores específicos del dolor fueron descubiertos por CAJAL en zonas que solo perciben el dolor como en la cornea y mucosa nasal. Esta especificidad de los receptores, en unión de una serie de argumentos fisiológicos, farmacológicos y clínicos, nos han llevado al concepto actual, que considera el dolor como una sensación fisiológica específica. El dolor no difiere de otras sensaciones; siéndole aplicable la Tesis de V. WEIZSAECKER; el dolor no es sólo una sensación, sino también una reacción; por ello como dice ROF CARBALLO, la moderna fisiología acaba reconociendo el aspecto dual del dolor, percepción y reacción, pero es a la vez una expresión y una manifestación emotiva. Para A. DE LA FUENTE, el dolor no es reacción, sino respuesta; la reacción es rápida, la respuesta es moldeable y está supeditada en cada caso a la unidad biológica total. Desde el punto de vista histórico, la anestesia abrió las puertas a la era moderna de la cirugía, y determinó también, el comienzo de una nueva evolución de la Farmacología. De esta forma no solo facilita la práctica de las intervenciones quirúrgicas, y aporta ciertos progresos en este campo, sino también da un impulso adecuado a la Farmacología humana, basándose –nadie lo duda- en unos profundos conocimientos fisiológicos. Al aumentar el prestigio de esta especialidad también se amplía su campo de actividad en la clínica. Esto ha contribuido a incorporar la anestesia en la rama de la Medicina General y, simultáneamente, a la demostración de su aptitud para la solución de los problemas que se le plantean. Por eso en nuestros operados de tórax y abdomen, en los que se ha presentado zonas dolorosas espontáneas, tratamos de aliviar esta complicación post-operatoria, por medio de la anestesia de los nervios raquídeos, mediante un anestésico de acción local. A diferencia de los anestésicos generales que suprimen el dolor por narcosis encefálica y medular y de los analgésicos por acción preferente masocefálica, como el Piramidón, o preferente cortical cerebral, como la Morfina, estos anestésicos locales interrumpen la sensación dolorosa en sus vías centrípetas. En tanto que los medicamentos de aquellos grupos han de observarse previamente a su acción, en los anestésicos locales su acción resulta en tanto permanecen en el punto que debe ser anestesiado, pues al observarse por el organismo, ceden su valor anestésico, surgiendo otras acciones generales, a veces terapéuticas y, con frecuencia, tóxicas. Los productos empleados han sido la Xilocaína al 2%, y la Novocaína también al 2%, con el fin de ver la acción anestésica de cada uno de ellos, tanto en su intensidad como en su duración y buena tolerancia. La anestesia Epidural o Extradural como también se la llama, es una supresión de la sensibilidad que interesa un territorio metamérico, en cinturón; una atonía muscular limitada; una alteración del simpático, más o menos completa. Se la obtiene por bloque de los nervios raquídeos cuando pasan por el espacio epidural, es decir desde que salen de la duramadre, hasta que penetran en los agujeros intervertebrales. La solución anestésica se introduce por fuera de la duramadre, a diferencia de la raquianestesisa y de la subdural que lo hace inyectando el anestésico en el espacio subaracnoideo. Es evidente que cada día aumenta el número de enfermos que se someten a una intervención quirúrgica con el fin de tratar de forma radical el proceso del cual son portadores. Sin embargo debe de reconocerse que en un número no despreciable de casos, las complicaciones post-operatorias por diversas circunstancias dan al traste, no solo con nuestras más depuradas técnicas, sino también con la esperanza del enfermo, y para ir un poco más allá, hasta con nuestro prestigio profesional, de aquí la gran necesidad y la gran ayuda que nos pueden prestar las experiencias y trabajos, de índole práctico con el fin de evitar los inconvenientes que suelen presentarse. Tema que nos ocupa. Así, pues, con la anestesia extradural, en nuestros operados de tórax y abdomen pretendemos: no solo anular estas algias radiculares, sino también tratar de alejar de nuestro paciente, el “stress” psíquico que supone la percepción de sensaciones dolorosas, que pueden afectar por un lado su organismos, y por otro retrasar su curación. Ver el comportamiento de ciertos territorios nerviosos. Deducir ciertos datos anatomo-funcionales. Utilización de ciertos artificios técnicos, y el estudio comparativo de los resultados obtenidos. Y por último permitirnos, después del estudio de infinidad de casos, establecer medio que nos permitan evitar toda esa suerte de complicaciones. Después de revisar las diferentes técnicas, descritas desde las primeras observaciones dadas a conocer por CORNING, en 1885, para mitigar el dolor en una extremidad, hecho que fue accidental, de CATHELIN, quien en 1895 empleó la anestesia inyectándola en la región sacra, que llamó caudal; de LAWEN, quien en 1910, observó, después de haber estudiado la anatomía de la región medular, y epidural, que la inyección en el sacro no penetraba en el saco subaracnoideo; de DOGLIOTTI, quien en 1939, la describió detalladamente; y de PAGES, en España quien primero describió, aunque sus trabajos no sean lo suficientemente conocidos; hasta el inglés MACRINTOSH, quién dio a conocer su técnica de anestesia extradural en un trabajo publicado en Oxford, el cual hemos tomado la técnica y seguido todos sus detalles, en el trabajo que nos hemos propuesto. Después d nuestras experiencias personales y de revisar una amplia bibliografía, deseamos modestamente exponer nuestros resultados, con el fin de sacar unas conclusiones que nos permitan demostrar la eficacia de nuestro proceder, en los operados de síndromes torácicos y abdominales, con el fin de evitar posibles complicaciones, o al menos aliviarles las existentes. Si a veces nos apartamos del derrotero que nos hemos propuesto, es solo a título de ilustración, o porque consideramos que no debemos dejar pasar por alto algo que pudiera ser de interés.es
dc.formatapplication/pdfes
dc.language.isospaes
dc.rightsAttribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional*
dc.rights.urihttp://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/*
dc.titleLa anestesia extradural continua en el post-operatorioes
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/doctoralThesises
dcterms.identifierhttps://ror.org/03yxnpp24
dc.type.versioninfo:eu-repo/semantics/publishedVersiones
dc.rights.accessRightsinfo:eu-repo/semantics/openAccesses
dc.contributor.affiliationUniversidad de Sevilla. Departamento de Cirugíaes
idus.format.extent315 p.es

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